Venezuela en clave de mujeres, derechos y encrucijada

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En un momento decisivo para el país, dos figuras femeninas ocupan un lugar central en el tablero político venezolano. Más allá de sus diferencias ideológicas y trayectorias personales, la presencia de mujeres en posiciones de poder invita a mirar la crisis venezolana desde otra perspectiva: la de los derechos, la dignidad y la urgencia de una paz sostenible e inclusiva.

Desde el Centro de Justicia y Paz, hemos documentado durante años cómo la emergencia humanitaria compleja ha afectado de forma diferenciada a las mujeres. Ellas han sido no solo víctimas silenciosas, sino también actoras de cambio y resistencia cívica, liderando redes de apoyo, espacios de denuncia y acciones humanitarias.

La negación de derechos como dimensión de la crisis

La situación que vive Venezuela no es únicamente un colapso económico o político. Es una crisis de derechos humanos. La pérdida de libertades, el cierre de espacios democráticos, la represión y el empobrecimiento estructural han erosionado el tejido social. Y las mujeres han cargado con el peso más duro de esta emergencia, asumiendo tareas de cuidado sin respaldo institucional, enfrentando mayor exposición a la violencia, y siendo desplazadas forzadamente.

Esta realidad ha sido ampliamente documentada por Cepaz en informes como «Ser mujer en Venezuela«, donde se evidencia el impacto desproporcionado de las condiciones de vida a las mujeres en áreas como salud, alimentación y acceso a la justicia.

Obstáculos para participar en los asuntos públicos y políticos

Que hoy hablemos de dos mujeres en el poder en Venezuela no cambia la realidad de fondo: las mujeres venezolanas no han tenido participación plena y efectiva en los espacios de decisión, algo que hemos denunciado una y otra vez, porque los obstáculos estructurales siguen siendo enormes. Así lo refleja el informe “Participación política de las mujeres en Venezuela. Construyendo caminos para la paz y la democracia”.

Por parte del gobierno, políticas asistencialistas como las misiones han instrumentalizado a las mujeres, empobreciéndolas y usándolas como estructura de control social y hasta de represión, sin ofrecer acceso real al poder.  

Y aunque en la oposición hay muchas mujeres visibles y rostros que cambian, aún persisten retos reales para que su liderazgo se traduzca en participación sustantiva y no solo simbólica en espacios de decisión.  

Este no es un tema secundario: si las mujeres realmente toman decisiones, cambian el rumbo de Venezuela hacia una democracia más justa y una paz auténtica, con paridad efectiva que penetre todas las instancias del poder.

La Agenda Mujeres, Paz y Seguridad: una hoja de ruta posible

En este contexto, la Agenda Mujeres, Paz y Seguridad (MPS), adoptada por el Consejo de Seguridad de la ONU, ofrece un marco útil para pensar soluciones que pongan los derechos humanos y la participación de las mujeres en el centro de cualquier transición.

Esta agenda establece dos principios esenciales:

  1. Las mujeres viven los conflictos de manera diferenciada y requieren respuestas específicas para proteger sus derechos.
  2. Las mujeres deben estar en el centro de las decisiones sobre paz, reconstrucción y justicia, no como una concesión, sino como una garantía de soluciones sostenibles y legítimas.

La Agenda MPS no es una declaración simbólica, es una herramienta para construir una paz con enfoque de derechos, capaz de enfrentar las raíces de la violencia estructural, incluyendo las basadas en género.

Una encrucijada entre democracia y control

Hoy Venezuela vive un momento clave. Por un lado, María Corina Machado encarna, para amplios sectores, una ruta hacia la recuperación democrática por medios constitucionales y cívicos. Por el otro, figuras como Delcy Rodríguez representan la continuidad de un modelo de poder que ha restringido libertades y debilitado la institucionalidad.

Sin embargo, más allá de simpatías políticas, el país necesita avanzar hacia una paz positiva, que no se limite a la ausencia de conflicto abierto, sino que se exprese en justicia, verdad, reparación, instituciones legítimas y plena vigencia de los derechos humanos. Todos los actores políticos, empezando por quienes hoy ostentan el poder, pueden y deben ser interpelados a contribuir con una transición pacífica.

La ciudadanía tiene un rol irrenunciable

La Agenda MPS nos recuerda que la construcción de paz no es tarea exclusiva de gobiernos o actores armados. También involucra a la ciudadanía activa, las redes comunitarias y las voces históricamente excluidas de los espacios de decisión.

En Venezuela, las mujeres han sido protagonistas silenciosas de esa construcción desde abajo. Madres de presos políticos, defensoras de derechos, cuidadoras, educadoras, activistas comunitarias: ellas han sostenido la vida en medio de la emergencia.

Frente a la represión, frente al poder, frente a la propaganda, hay una voz que no ha podido ser callada: la voz de las mujeres que exigen libertad, justicia y reparación. Las que no han estado en la mesa de negociación, pero han sido conciencia y resistencia. Las que no figuran en los titulares, pero son el corazón de la Venezuela que quiere y necesita cambiar.

Desde Cepaz, reafirmamos nuestro compromiso con estas mujeres y con una visión de país donde la paz no sea sinónimo de silencio ni de impunidad, sino de transformación profunda, democrática y con enfoque de derechos.

Este es el momento de escucharlas. Este es el momento de actuar.