Desde su nacimiento en Venezuela, Cepaz ha sido una organización profundamente arraigada en el territorio. Nació escuchando comunidades, acompañando procesos ciudadanos y promoviendo la democracia, los derechos humanos y la cultura de paz en contextos adversos. Sin embargo, nuestra historia demuestra que en el trabajo por los derechos humanos, lo local y lo internacional nunca han sido dimensiones separadas, sino partes de una misma vocación.
Hoy, más que nunca, esa identidad se hace visible: somos una organización nacida en Venezuela, con vocación local e internacional.
Una acción internacional con raíces venezolanas
Históricamente, nuestro trabajo no se ha limitado a las fronteras nacionales. Desde Venezuela hemos desarrollado iniciativas de incidencia internacional para visibilizar la situación de derechos humanos en el país ante organismos multilaterales, redes de sociedad civil y plataformas internacionales.
Pero nuestra acción no ha sido únicamente “sobre Venezuela”. También hemos compartido aprendizajes y acompañado procesos en otros países que enfrentan contextos autoritarios, restricciones al espacio cívico y crisis democráticas. En esos escenarios, nuestra experiencia —construida en condiciones complejas— ha sido útil para fortalecer capacidades de organizaciones de la sociedad civil, diseñar estrategias de documentación y denuncia, promover articulaciones regionales, e impulsar acciones de incidencia ante mecanismos internacionales de protección.
Así, nuestra práctica se ha convertido en un puente: desde Venezuela hacia el mundo, y desde el mundo de vuelta a las comunidades.
De lo nacional a lo transnacional: acompañar a la diáspora
La migración venezolana transformó el mapa de nuestras comunidades. Muchas de las personas con las que trabajamos hoy viven en América Latina, en Estados Unidos, Europa y en otros países, pero siguen enfrentando vulnerabilidades asociadas a su origen, su condición migratoria y, en muchos casos, su género.
Frente a esta realidad, nuestra experiencia local se proyectó hacia nuevas localidades. Procesos que nacieron en barrios y comunidades venezolanas hoy se adaptan a contextos de acogida en distintos países. Trabajamos con población migrante y refugiada especialmente mujeres para:
- Promover liderazgo y organización comunitaria.
- Fortalecer capacidades de incidencia local.
- Brindar orientación en derechos y acceso a servicios.
- Crear redes de apoyo y solidaridad entre comunidades.
De esta manera, los temas venezolanos no desaparecen al cruzar una frontera: se transforman y se reconfiguran en nuevas geografías.
Mujeres: del empoderamiento comunitario a la defensa transnacional
Uno de los ejes más emblemáticos de nuestro trabajo ha sido el acompañamiento a mujeres en comunidades vulnerables. En Venezuela desarrollamos procesos de empoderamiento, formación en derechos, atención humanitaria y construcción de liderazgo comunitario.
Estos esfuerzos dejan en nuestra organización una huella profunda. Muchas mujeres fortalecen su autonomía, amplían su participación y se convirtieron en referentes en sus territorios.
Hoy, en un contexto marcado por la migración y por múltiples crisis superpuestas, esa experiencia cobra un nuevo sentido. Las mujeres migrantes venezolanas —y también mujeres de otras nacionalidades— enfrentan riesgos específicos: violencia basada en género, precariedad laboral, exclusión social y barreras institucionales.
Nuestra reflexión actual reconoce que el acompañamiento a mujeres no puede limitarse a un territorio. La defensa de sus derechos es una tarea que atraviesa fronteras. Por eso, los procesos que antes se desarrollaban en comunidades venezolanas hoy se adaptan a ciudades y localidades en Estados Unidos y en otros países, manteniendo el mismo enfoque: empoderamiento, protección y construcción de redes.
Iniciativas en nuevas localidades: una organización que crece
En un momento en el que muchas organizaciones de la sociedad civil enfrentan restricciones financieras, reducción de espacios y entornos cada vez más complejos, asumir una expansión hacia nuevas localidades puede parecer un desafío enorme. Y lo es.
Sin embargo, creemos que las organizaciones contemporáneas no se definen únicamente por su lugar de origen, sino por su capacidad de responder a realidades cambiantes. Como otras iniciativas que han transitado de lo comunitario a lo global, asumimos el reto de consolidar iniciativas en distintas localidades que mantengan la coherencia con nuestra misión original.
Esto implica llevar nuestros programas de capacitación a la sociedad civil a nuevas localidades e impulsar procesos de empoderamiento comunitario adaptados a cada contexto. Así como también fortalecer la incidencia internacional desde una perspectiva local y conectar comunidades migrantes con redes de apoyo y mecanismos de protección.
No se trata de “replicar” modelos, sino de compartir aprendizajes y construir respuestas contextualizadas.
Una visión esperanzadora en tiempos complejos
Vivimos tiempos difíciles para la sociedad civil: escasez de recursos, restricciones políticas, polarización y desinformación. Sin embargo, también vivimos un tiempo de creatividad, resiliencia y redes transnacionales.
Nuestra historia demuestra que una organización puede nacer en un barrio, en una ciudad, en un país con profundas dificultades, y aun así proyectarse hacia el mundo. Puede mantener su esencia mientras amplía su alcance. Puede acompañar procesos locales y, al mismo tiempo, incidir en espacios internacionales.
Hoy, al iniciar nuevas acciones en localidades de Estados Unidos y fortalecer nuestra presencia internacional, reafirmamos nuestra naturaleza: somos una organización nacida en Venezuela, con vocación local e internacional, comprometida con la democracia, los derechos humanos y la cultura de paz.
Crecemos no porque el contexto sea fácil, sino porque creemos en la fuerza de las comunidades organizadas. Porque sabemos que lo local y lo global no son opuestos, sino dimensiones complementarias de una misma lucha por la dignidad.
Asumimos el reto de ser una organización sin fronteras. Desde nuestra raíz venezolana seguimos construyendo puentes que conectan realidades, comparten soluciones y multiplican la solidaridad. Porque, incluso en los momentos más adversos, la esperanza también se organiza.



