En un esfuerzo por derribar el falso dilema que divide a la población entre «los de adentro y los de afuera», diversas organizaciones de la sociedad civil, personas defensoras de derechos humanos y activistas sostuvieron un encuentro impulsado por el Centro de Justicia y Paz (Cepaz). El espacio, denominado Diáspora venezolana y su rol en la transición democrática, tuvo como propósito fundamental abrir una conversación honesta sobre la reconstrucción de vínculos, la unificación de agendas y el diseño de mecanismos de colaboración para incidir en el futuro democrático de Venezuela.
Un puente estratégico
Faisal Meneses, director de Estrategia y Operaciones de Articulate Foundation, y moderador del intercambio, dio apertura al debate afirmando que la búsqueda de justicia, el logro de una transición democrática y las nuevas oportunidades de participación demandan la construcción de «puentes reales» entre quienes resisten en el terreno y quienes se encuentran en el exterior, articulando esfuerzos hacia una visión compartida de país.
Como primer panelista, Carlos Carrasco, especialista en gobernanza abierta, transformación digital y participación juvenil, director de la Fundación Abriendo Datos y consultor de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ofreció un análisis sobre la evolución del fenómeno migratorio. Tras compartir su perspectiva como migrante retornado que divide su tiempo entre Santiago de Chile y Venezuela, Carrasco argumentó que el rol de la diáspora no es estático.
«Hace cinco años, la diáspora funcionaba principalmente como una primera línea de recepción y acogida humanitaria. Hoy la realidad es otra», explicó Carrasco. Este cambio obedece no solo a las dinámicas del conflicto político interno, sino al profundo deterioro institucional de la región, caracterizado por el incremento de la xenofobia, los discursos de odio y el endurecimiento de las políticas migratorias.
Ante este panorama, Carrasco instó a aprovechar la institucionalidad de los países receptores a través de instancias ya activas donde existen venezolanos con representación formal, tales como el Consejo de Protección de Derechos del Distrito Metropolitano de Quito, las redes de periodismo comunitario y liderazgo comunal en Cúcuta, las organizaciones vecinales en el área metropolitana de Lima, y los consejos municipales de migraciones en urbes españolas como Vigo y Barcelona. Asimismo, subrayó la importancia de las más de diez cámaras de comercio binacionales en América Latina como actores clave para generar alianzas estratégicas desde la sociedad civil.
De la lógica de la remesa al reconocimiento del talento
Por su parte, Niurka Meléndez, líder comunitaria y defensora de los derechos de los migrantes en Nueva York a través de la organización Venezuelans and Immigrants Aid (VIA), recordó que la diáspora venezolana es la consecuencia humana de casi tres décadas de destrucción institucional, censura y persecución sistemática.
«Muchos no salimos buscando una simple oportunidad económica, salimos huyendo del miedo y la imposibilidad de vivir con dignidad. Estando afuera, seguimos cargando con el agotamiento emocional de sostener hogares enteros y la zozobra de tener familiares perseguidos por pensar distinto», enfatizó.
Meléndez recalcó que es necesario que la diáspora deje de ser considerada exclusivamente como una fuente de remesas y comience a ser tratada como una «reserva de talento, experiencia y capacidad técnica», indispensable para áreas críticas como la salud, la educación y la administración pública, mediante la implementación de concursos públicos de credenciales basados en el mérito y no en lealtades ideológicas.
El dolor y la resiliencia nos unen
Beatriz Borges, abogada, académica de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y directora ejecutiva del Centro de Justicia y Paz (Cepaz), abordó el nexo indisoluble entre la movilidad humana y los derechos humanos. Propuso adoptar el concepto de «comunidad venezolana transnacional» o «nación extendida» para dignificar la memoria colectiva y sanar la fractura social impuesta por la distancia física. «Es un desafío evitar que la distancia nos desconecte emocionalmente del país».
Borges advirtió sobre los severos riesgos del cierre del espacio cívico en el terreno, donde la arremetida represiva posterior al 28 de julio ha forzado al exilio o a la autocensura a numerosos activistas. En este sentido, instó a las organizaciones y personas en el exterior a continuar respaldando activamente a quienes siguen trabajando en Venezuela, en la mayoría de los casos con recursos mínimos. Citó el ejemplo de los procesos de paz en Colombia, donde las víctimas en el exterior fueron reconocidas formalmente dentro de los mandatos de la Comisión de la Verdad y la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). «No habrá reparación ni reconstrucción real si la sociedad sigue fragmentada entre los de adentro y los de afuera», sentenció.
«Necesitamos volver a conectarnos como venezolanos dentro y fuera del país, desde la empatía, desde la escucha y desde la convicción de que el sufrimiento de uno nos afecta a todos». En ese sentido, Borges hizo un llamado prioritario a la comunidad internacional y a la diáspora para movilizarse en favor de diversas iniciativas, como la renovación del mandato de la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos de las Naciones Unidas ante el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra. Así como a colaborar con donaciones para que las organizaciones y activistas puedan continuar con su trabajo. En Venezuela «no solo somos una historia de crisis, somos una historia de resiliencia, talento, solidaridad y capacidad de reconstrucción», concluyó la directora de Cepaz.
Demandas sociales y derecho a elegir
Griselda Colina, especialista en procesos electorales, comunicación política y codirectora de Ideas por la Democracia, puntualizó que Venezuela sigue siendo la causa común de la ciudadanía, cuya inteligencia colectiva ha mantenido viva la resistencia civil. Resaltó que los consensos ciudadanos se han articulado en torno a demandas muy claras: la liberación de los presos políticos y el cese de la arquitectura represiva.
Colina describió el panorama social imperante en el país, signado por el recrudecimiento de la crisis de los servicios públicos (electricidad, agua potable e internet) y las legítimas exigencias salariales manifestadas por la población trabajadora. Sostuvo que la demanda por elecciones libres y transparentes es un reflejo de la memoria democrática de un pueblo, que rechaza la perpetuación de un régimen que impide la alternabilidad democrática.
Asimismo, denunció la sistemática política de exclusión del derecho al voto y a la identidad ejercida contra los millones de venezolanos en el exterior. Aseveró que la estabilización de un país pasa obligatoriamente por la recuperación de los derechos de sus ciudadanos. Exigir el derecho a la cédula, al pasaporte y a la inscripción en el registro electoral en cada ciudad de acogida es un paso previo e ineludible para avanzar hacia la democratización.
Venezuela viva
Finalmente, Martha Tineo, coordinadora de Justicia, Encuentro y Perdón, organización de víctimas dedicada al acompañamiento psico-jurídico de personas afectadas por persecución política y ejecuciones extrajudiciales, recalcó que es necesario superar el falso dilema entre «los de afuera y los de adentro».
Tineo alertó que la permanencia de presos políticos es un elemento funcional para la subsistencia del modelo de control actual, el cual utiliza a los detenidos como «rehenes políticos». Pese a la complejidad del contexto, la activista insistió en que la ruta hacia la redemocratización y el trabajo por la verdad, la rendición de cuentas y la reparación integral deben avanzar de manera simultánea.
«Somos una Venezuela viva a pesar de los horrores», indicó Tineo y reafirmó la importancia de la rigurosidad técnica en la documentación de crímenes de lesa humanidad que realizan las organizaciones de cara a las instancias internacionales de justicia.
La coordinadora de JEP enfatizó que una de las barreras más críticas y urgentes que enfrentan los procesos de resistencia y justicia son las limitaciones de recursos financieros, un desafío que debe convocar a la acción y motivar la búsqueda de vías creativas y sostenibles para respaldar y dar soporte económico a estas iniciativas.
Para Tineo, el verdadero valor de estos espacios radica en la capacidad de consolidar lazos estratégicos desde la solidaridad y el apoyo mutuo, pues está firmemente convencida de que solo a través de esa construcción humana y estructural será posible devolverle a Venezuela una paz genuina, robusta y duradera, que trascienda la falsa normalidad que se intenta proyectar en el país.
El encuentro concluyó con un exhorto unánime de los panelistas y participantes a la diáspora venezolana para aportar sus capacidades financieras, técnicas y de incidencia política, desde los distintos países donde residen, con el fin de robustecer las redes de solidaridad y mantener encendido el reclamo internacional por la libertad de los presos políticos y la redemocratización de Venezuela.


