Lección de paz: Myanmar


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Publicado el: 26 de septiembre de 2020

Ilustración: Daniel Hernández García

Tras independizarse del Imperio Británico, Birmania pasó por una breve experiencia democrática federal y por un régimen militar con un sistema de partido único. Los conflictos entre distintos grupos étnicos se mantuvieron a lo largo de la historia.

Las sucesivas juntas militares ejercieron el gobierno de manera represiva y se denunciaron masivas violaciones a los derechos humanos, incluyendo ataques deliberados contra etnias y desplazamiento forzoso.

A pesar de una aparente apertura democrática, en Myanmar la segregación por motivos religiosos y étnicos se ha agravado. La etnia rohingya fue confinada en campos de detención del estado de Rajine en condiciones deplorables, forzando su movilización a otros territorios. Actualmente persiste la impunidad por los abusos y violaciones de derechos humanos, incluyendo crímenes considerados de lesa humanidad.

Contexto

Tras la Tercera Guerra Anglo-Birmana, en 1886, Birmania quedó bajo el dominio del Imperio Británico, que estableció un protectorado colonial, y pasó a ser una provincia de la India Británica. En 1930 el monje birmano Suya San encabezó lo que en un principio fue una protesta regional, que se fue extendiendo transformándose en un proceso insurgente que duró dos años.

Para tratar de contener este movimiento, los británicos hicieron uso de la fuerza. San fue juzgado y ejecutado. La población manifestó su descontento con una revuelta que culminó con la separación de Birmania de India en 1948.

El líder independentista U Nu  toma el poder y el país experimenta una breve experiencia democrática federal. U Nu gana las elecciones de 1960 por amplia mayoría, mientras el país atraviesa un proceso de inestabilidad. En 1962 se produce un golpe de Estado y el general Ne Win impone un régimen militar. Hasta 1974 Myanmar es gobernada por un consejo revolucionario que instala un socialismo al estilo soviético.

En las elecciones de 1974 Ne Win es proclamado presidente, se establece un sistema unipartidista y la unión del poder legislativo, judicial y ejecutivo en el Consejo Revolucionario. En marzo de 1978 fue reelecto, pero dimitió en 1981, y aunque le sucedió el general San Yun, hasta 1988 Ne Win siguió al frente del partido único.

El 8 de agosto de 1988 estalló un levantamiento que exigía la democratización del país, que estaba profundamente emprobrecido. Tras este movimiento, conocido como el Levantamiento 8888,  se inició una represión masiva en la que fueron asesinados miles de monjes, civiles y estudiantes. Las universidades fueron cerradas y el general Saw Maung tomó el poder, declarando una estado marcial y aplastando la revolución de manera sangrienta. Aung San Suu Kyi (hija del líder independentista Aung San) encabezó un movimiento no violento que hizo un llamado a no atacar a los militares y a buscar vías para alcanzar la paz.

El gobierno militar cambió el nombre de Birmania a Unión de Myanmar, lo que produjo el rechazo inmediato de los opositores al régimen. Para tratar de acallar las voces disidentes que se multiplicaban en el territorio y las manifestaciones que se comenzaron a tornar violentas, el régimen ofrece elecciones y reformas graduales.

Por primera vez, tras 30 años de regímenes militares y convulsión interna que dejaron miles de víctimas, se celebran elecciones libres en 1990 y el partido de Aung San Suu Kyi gana por amplia mayoría. Sin embargo, el proceso fue anulado por los militares para permanecer en el poder.

Aung San Suu Kyi es detenida y estuvo por una década bajo arresto domiciliario, durante el cual fue postulada al premio Nobel de la Paz que ganó en 1991. En 2007 se produce la denominada Revolución Azafrán, protestas pacíficas lideradas por monjes budistas que desafían al régimen exigiendo reformas democráticas. El ejército utilizó unidades élite para reprimir las protestas, deteniendo a centenares de personas, propiciando el saqueo de los monasterios y dejando un saldo de miles de personas detenidas, desaparecidos y al menos un centenar de muertes.

En 2011 se instala un gobierno civil y Aung San Suu Kyi es liberada. Tras las elecciones de 2015 su partido obtiene la mayoría en ambas cámaras y asume el cargo de Consejera de Estado en 2016.

De un conflicto armado a un conflicto étnico

En Myanmar la segregación por motivos religiosos y étnicos se ha agravado. Hasta 1962 los rohingya fueron reconocidos como parte de la multiplicidad de etnias que integran el país, pero con la llegada del general Ne Win al poder se inició un proceso de persecución sistemática contra esta etnia musulmana, que incluyó la negación de la ciudadanía en 1962 y desde entonces  se les califica como inmigrates dentro de su propio territorio.

Unas 600.000 personas de esta etnia permanecían segregadas en el estado de Rajine, violándose sus derechos a la igualdad, a la libertad de circulación, salud, educación y al trabajo. Tras masivos deplazamientos, unas 128.000 personas siguen confinadas en campos de detención del estado de Rajine, en condiciones deplorables. Los abusos y violaciones a los derechos humanos incluyen arrestos arbitrarios, torturas, violaciones y muertes a detenidos.

Suu Kyi afronta la acusación de no tomar acciones para impedir los ataques contra esta minoría musulmana. Persiste la impunidad por los abusos y violaciones de derechos humanos, incluyendo crímenes considerados de lesa humanidad. Myanmar negó el acceso a  las Naciones Unidas para verificar situación de los derechos humanos en ese país y brindar asistencia humanitaria.

La Corte Penal Internacional inició un proceso de investigación sobre la deportación de personas de etnia rohingya y  otros delitos conexos. También se puso en funcionamiento un Mecanismo Independiente de Investigación para Myanmar, que recabó pruebas de las violaciones de derechos  y el gobierno de Gambia presentó ante la Corte Internacional de Justicia una denuncia por genocidio. Aung San Suu Kyi rechazó la acusación de que el país ha incumplido sus obligaciones internacionales establecidas en la Convención sobre el Genocidio. El informe final de la Misión de Investigación determinó  que se han cometido violaciones de derechos humanos graves y continuas.

Myanmar es un país que pasó de un conflicto armado a un conflicto étnico. Es una de las mayores crisis de refugiados del mundo, y se han cometido violaciones graves a los derechos humanos de una minoría por motivos étnicos, por lo que requiere atención internacional.


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