Disponer de datos fiables y desagregados por género permite analizar desigualdades específicas que no serían visibles en estadísticas generales. La recolección de estos datos debe incorporar una perspectiva interseccional, que refleje las diversas realidades de las mujeres.
Sin embargo, durante décadas, tanto la participación de las mujeres en el mercado laboral como su contribución a la economía, han sido medidas con indicadores que no toman en cuenta las barreras estructurales de género. Se ha privilegiado medir la productividad en los mismos términos para hombres y mujeres, sin tomar en cuenta, por ejemplo, la carga de las labores de cuidado, entre otras brechas, muchas de ellas invisibles, que afectan a las mujeres de manera diferenciada.
Un reporte denominado «Cerrar la brecha: Perspectivas de datos sobre las oportunidades económicas de las mujeres«, elaborado por la Corporación Financiera Internacional (IFC, por sus siglas en inglés), marca un hito en este desafío. Analiza 20 conjuntos de datos globales, catorce de ellos de acceso público, que abarcan más de 400 indicadores, y revela una verdad incómoda: aunque sabemos que la brecha existe, nuestra «cámara fotográfica» para retratarla sigue estando desenfocada.
La falta de datos exhaustivos, comparables y de alta calidad limita la capacidad para comprender la participación laboral y económica de las mujeres, e impide diseñar políticas y estrategias adecuadas a sus realidades, basadas en evidencias y no en supuestos.
El sector privado como fuente de información
El informe subraya que las empresas ya no son solo sujetos de estudio, sino fuentes vitales de información. La divulgación corporativa de datos debe complementar las estadísticas nacionales, permitiendo tener una imagen más nítida del liderazgo femenino y la brecha salarial.
Sin embargo, persisten obstáculos críticos, como las metodologías incoherentes que dificultan comparar el progreso entre países y sectores. Además, existe el sesgo de las «grandes empresas» o multinacionales, que aportan la mayoría de los datos disponibles, dejando fuera a las pequeñas y medianas empresas, y al sector informal, donde operan la mayoría de las mujeres en economías emergentes. Por último, muchos indicadores miden lo que dicen las leyes, pero no cómo se aplican o qué resultados generan.
Temas en el foco: cuidados y brechas digitales
Un hallazgo revelador es que el tema de trabajo flexible y de cuidados posee el mayor volumen de indicadores (83), reflejando su importancia estratégica. Miden prácticas en el lugar de trabajo como las subvenciones para el cuidado de los hijos, las pausas para la lactancia y las protecciones contra la discriminación. También hacen un seguimiento del cumplimiento por parte de los empleadores. Sin embargo, entre las deficiencias significativas figuran la dependencia de marcos jurídicos sobre los cuales no existen datos sobre su aplicación o eficacia, así como la representación limitada del sector informal.
En contraste, la inclusión de las mujeres en el mundo digital presenta una escasez alarmante de datos, dejando a las mujeres emprendedoras y trabajadoras tecnológicas en un punto ciego. La recopilación de datos sobre conocimientos informáticos y de internet, la frecuencia y el tipo de uso de las tecnologías, y el acceso de las mujeres a los servicios financieros móviles y digitales es poco frecuente e irregular. Además, las inconsistencias en el diseño de las encuestas, es otro aspecto que genera poca confianza en los datos.
Un llamado a la acción coordinada
Cerrar la brecha de género es un imperativo moral. Estas brechas dificultan la capacidad de las partes interesadas, mujeres, Estados, y empresas, para identificar barreras, diseñar soluciones, tomar decisiones relativas a carrera profesional y emprendimiento, realizar un seguimiento del progreso y poner en práctica acciones en materia de empleo, liderazgo, acceso digital e igualdad salarial que contribuyan a mejorar no solo la productividad, sino el bienestar de las mujeres.
Se requiere mejorar la calidad, la coherencia, la accesibilidad y la facilidad de uso de los datos. Para orientar inversiones más específicas y garantizar soluciones inclusivas y basadas en pruebas, los sistemas de datos de género deben abarcar múltiples dimensiones que se cruzan, incluyendo la ubicación geográfica y la situación socioeconómica.
El informe propone seis medidas urgentes:
- Armonizar indicadores con metodologías estándar. Las fuentes privadas son las que más muestran definiciones incoherentes, metodologías variables y prácticas fragmentadas de presentación de datos.
- Crear marcos unificados que integren fuentes públicas y privadas. Un marco de datos unificado mejoraría la comparabilidad entre empresas, mercados y países, y contribuiría a impulsar iniciativas de equidad.
- Migrar hacia reportes obligatorios de datos de género en mercados financieros, incorporando indicadores básicos sobre empleo, liderazgo, igualdad salarial.
- Fortalecer la colaboración entre el sector público y el privado mediante la mejora del diseño de las encuestas y la integración de métricas de género en todos los formatos de presentación de informes.
- Forjar alianzas estratégicas para compartir datos valiosos. Conocer las lecciones aprendidas puede mejorar la recopilación y el uso de estos datos.
- Integrar Big Data y encuestas específicas para sectores informales, alineadas con los sistemas internacionales de datos, para obtener estadísticas oportunas y comparables.
La carencia de métricas precisas y estandarizadas impide un diagnóstico real de las brechas de género, lo que deriva en el diseño de políticas públicas ineficaces para subsanarlas. Es hora de que los datos de género dejen de ser un anexo para convertirse en la base de las decisiones. Solo con una visión nítida y basada en evidencias podremos diseñar soluciones capaces de desarticular los obstáculos estructurales que, aún hoy, enfrentan las mujeres en el mercado laboral.



